Durante un vuelo internacional nocturno desde Ezeiza hacia Madrid, a más de 10.000 metros de altura, se vivió una situación que nos recuerda el verdadero sentido de la medicina: estar presentes allí donde una persona nos necesita. Cristina, una pasajera de 83 años, sufrió un síncope severo en pleno trayecto, generando preocupación entre los pasajeros y el personal de cabina que buscaban asistirla con los recursos disponibles en ese contexto tan particular.
Al tomar conocimiento de la situación, nuestro Director Médico, el Dr. Alberto Davidovich, no dudó en ofrecerse voluntariamente para evaluar y asistir a la pasajera afectada. En un escenario sin recursos hospitalarios, con instrumental limitado y bajo la presión propia de un vuelo intercontinental, intervino con la calma, la precisión y la humanidad que lo caracterizan. Con los elementos disponibles, organizó al personal de cabina, estabilizó a la paciente, contuvo a su familia y logró mejorar su condición hasta el aterrizaje, donde ya aguardaba un equipo médico preparado gracias a la coordinación que gestionó desde el aire.
Para nosotros, este episodio trasciende la anécdota. Refleja una forma de entender nuestra profesión y nuestro compromiso: estar disponibles, decidir con criterio, actuar con responsabilidad y acompañar a las personas en sus momentos más vulnerables… incluso cuando el consultorio se convierte en un pasillo de avión y el cielo es el único testigo.
Lo ocurrido en el vuelo N.º IB 0106 reafirma que la medicina no se limita a un espacio físico. Se ejerce allí donde una vida necesita ser cuidada. Esta historia nos inspira y nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos, cada día.