El sedentarismo prolongado y la exposición continua a pantallas generan impactos físicos y visuales que requieren prevención activa en la rutina laboral.
El trabajo de oficina, caracterizado por largas jornadas frente a la computadora, plantea desafíos cada vez más complejos para la salud integral de las personas. Permanecer sentado durante nueve horas o más no solo afecta el sistema musculoesquelético y metabólico, sino que también expone a una sobrecarga visual sostenida que puede derivar en molestias y trastornos progresivos si no se aborda de manera preventiva.
Desde el punto de vista físico, el sedentarismo se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y dolores crónicos, especialmente en la zona cervical y lumbar. La falta de movimiento reduce la circulación, afecta la postura y disminuye los niveles de energía, generando un impacto directo en la calidad de vida. A esto se suma la fatiga visual digital, un fenómeno cada vez más frecuente en entornos laborales, que se manifiesta a través de síntomas como sequedad ocular, visión borrosa, cefaleas y dificultad para enfocar.
“El cuerpo humano no está diseñado para permanecer inmóvil durante tantas horas ni para sostener una fijación visual constante en pantallas. Ambas situaciones generan un estrés acumulativo que debe ser compensado con hábitos saludables”, señala el Dr. Alberto Davidovich, Director Médico de Emerger.
La combinación de inactividad física y exposición continua a dispositivos digitales exige una respuesta integral. Incorporar pausas activas a lo largo de la jornada no solo contribuye a mejorar la postura y la circulación, sino que también permite descansar la vista y reducir la fatiga ocular. En este sentido, alternar momentos de enfoque cercano con pausas visuales hacia objetos lejanos ayuda a relajar los músculos oculares y prevenir el agotamiento visual.
Una recomendación simple y efectiva es cada 20 minutos, mirar un punto lejano (aproximadamente a 6 metros de distancia) durante al menos 20 segundos. Este hábito, combinado con una correcta iluminación del espacio de trabajo y una adecuada distancia de la pantalla, contribuye a proteger la salud visual en el día a día. A su vez, resulta clave promover controles oftalmológicos periódicos, especialmente en personas con alta exposición a pantallas, así como la utilización de lentes de descanso cuando son indicados por un profesional de la salud visual.
En paralelo, el Dr. Davidovich sugiere incorporar una rutina breve de movimiento que pueda realizarse sin interrumpir la dinámica laboral: rotaciones de cuello y hombros, estiramientos de espalda, pausas para ponerse de pie y caminar algunos minutos, y flexiones suaves de piernas. “Estas acciones, aunque parezcan simples, generan un impacto positivo acumulativo tanto en el cuerpo como en la mente, favoreciendo la concentración y reduciendo el estrés físico y visual”, agrega.
En Emerger, la prevención es entendida como un proceso continuo que comienza en los hábitos cotidianos. Por eso, se promueve activamente la incorporación de prácticas saludables en entornos laborales, acompañando a empresas y colaboradores en la construcción de espacios de trabajo más equilibrados y sostenibles.
Abordar de manera conjunta el movimiento físico, el cuidado postural y la salud visual permite no solo prevenir enfermedades, sino también mejorar el bienestar general y el rendimiento diario. En un contexto donde la digitalización y el trabajo sedentario continúan en crecimiento, adoptar estas prácticas resulta clave para sostener una salud integral a largo plazo.
Fuentes y asesoramiento médico
Este artículo ha sido elaborado con la supervisión y aval del Director Médico de Emerger, Dr. Alberto Davidovich, y está alineado con las recomendaciones de las autoridades de salud nacionales e internacionales.
Para más información y recursos, visitá: grupoemerger.com