Con la llegada del frío, Emerger refuerza la importancia de calefaccionar los ambientes con responsabilidad, ventilación y medidas simples de prevención.
Durante los meses de invierno, el uso de artefactos de calefacción se vuelve parte de la rutina cotidiana en hogares, espacios de trabajo e instituciones. Sin embargo, cuando no se toman los recaudos necesarios, una práctica destinada a brindar confort puede transformarse en un riesgo para la salud y la seguridad de las personas. La prevención, en este contexto, es una herramienta fundamental para cuidar a las familias y reducir emergencias evitables.
Uno de los principales riesgos asociados a los artefactos a gas es la intoxicación por monóxido de carbono, un gas altamente peligroso porque no tiene olor, color ni sabor. Puede generarse por una combustión deficiente en calefactores, estufas, termotanques, calderas o cocinas utilizadas de manera inadecuada para calentar ambientes. Por eso, es esencial controlar periódicamente las instalaciones, verificar que las llamas sean de color azul y asegurar que exista siempre una ventilación adecuada.
Desde Emerger se remarca que ningún ambiente debe permanecer completamente cerrado cuando se utilizan sistemas de calefacción a gas. Una pequeña abertura, rejillas en condiciones y la revisión de los artefactos por personal matriculado pueden marcar una diferencia decisiva. “El monóxido de carbono actúa de manera silenciosa y sus síntomas pueden confundirse con malestares comunes, como dolor de cabeza, náuseas, mareos o somnolencia. Ante la sospecha, hay que ventilar, salir del ambiente y pedir asistencia médica”, señala el Dr. Alberto Davidovich, Director Médico de Emerger.
La prevención también debe contemplar el uso de artefactos eléctricos, cada vez más frecuentes para calefaccionar habitaciones, oficinas o espacios pequeños. Estufas, caloventores y paneles pueden representar un riesgo si se conectan a instalaciones sobrecargadas, alargues inadecuados o enchufes en mal estado. Además, deben mantenerse alejados de cortinas, ropa, frazadas, papeles, muebles u otros elementos inflamables.
Una recomendación central es no dejar calefactores, estufas o artefactos eléctricos encendidos durante la noche o sin supervisión. En lugar de dormir con estos equipos funcionando, es preferible aclimatar previamente el ambiente, apagarlos antes de acostarse y reforzar el abrigo con ropa adecuada, mantas y medidas seguras de aislamiento. Esta práctica reduce tanto el riesgo de intoxicación como el de incendios domésticos.
El cuidado en invierno no implica dejar de calefaccionar, sino hacerlo de manera responsable. Revisar los artefactos antes de la temporada de frío, mantener limpias las salidas de ventilación, no improvisar conexiones eléctricas y evitar el uso de hornallas u hornos como fuente de calor son decisiones simples que protegen la vida. También es importante prestar especial atención a niños, personas mayores y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, quienes pueden ser más vulnerables ante ambientes mal ventilados o cambios bruscos de temperatura.
“La mejor respuesta ante una emergencia es aquella que empieza antes de que ocurra. La prevención en el hogar es parte del cuidado de la salud y requiere hábitos cotidianos, información clara y responsabilidad compartida”, agrega el Dr. Davidovich.
En Emerger, el compromiso con la salud también se expresa en la promoción de prácticas seguras y accesibles para la comunidad. Durante el invierno, cuidar la temperatura de los ambientes debe ir siempre acompañado de ventilación, mantenimiento y prudencia. Porque el calor del hogar solo cumple su verdadero propósito cuando se construye sobre condiciones seguras para todos.
Fuentes y asesoramiento médico
Este artículo ha sido elaborado con la supervisión y aval del Director Médico de Emerger, Dr. Alberto Davidovich, y está alineado con las recomendaciones de las autoridades de salud nacionales e internacionales.
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